Habitación con vistas a la Vida

Decidí hace tiempo que la habitación de mi vida estuviera completamente a mi gusto, sin importarme el qué, ni el cómo, ni el qué dirán.
Recuperé el baúl donde estaban los sueños desechados por imposibles; desde entonces, estoy dispuesto a reemprender la marcha, a volver a empezar, para seguir el camino; todo da igual si uno está a gusto consigo mismo;
en la mesilla de noche, siempre están abrazos cálidos, un guiño, una palabra y el afecto de los que siempre están a tu lado; quedaron atrás aquellos que en épocas de tormenta, resultaron ser tan solo aves de paso, los que se evaporaron con sigilo o los que se fueron de un portazo. Ando descalzo, con firmeza y sonriendo, encima del suelo bajo el que yacen el odio, la sinrazón y la envidia. Sobre la mesa siempre tengo a mano unas copas para compartir de empatía, que saboreó, mientras escucho música de ayer y de hoy, melodías con sabor a buenos recuerdos, a los momentos que toca disfrutar y a los que están por llegar. En la televisión, desintonicé los canales que solo muestran mundos irreales, caras de hipocresía, mensajes falsos de amor y sórdidas carreras de belleza vacía, olvidando que la verdadera, es la que está en el interior, en el alma de cada uno, y es de hoja perenne y no caduca. Disfrutar, sentir, reír, llorar de un "Cinema Paradiso" de emociones, sin malgastar una lágrima de más por aquello, por aquellos que no merecen ocupar ni un rinconcito en tu vida. Me abrazaré a tu calor en las noches de invierno, cantaré a la vida y al amor bajo la ducha. 
En la entrada, un espejo para mirarse y reconocerse siempre, para no perder la perspectiva ni el olvido de dónde vienes y a dónde quieres ir, y en lo que no te quieres convertir. Adornando las paredes, cuadros de colores alegres, de humildad, sencillez y cercanía. Riego cada día, varias plantas y flores del color del valor de las "pequeñas" grandes cosas, para no echarlas nunca de menos.
De vez cuando, abro mi cajón "desastre", de los errores de los que aprendí y me ayudaron a crecer como persona; y no tendré miedo a equivocarme, si acaso a los que nunca reconocen que se equivocan. Y siempre tengo un cajón abierto a las locuras, a las imperfecciones y al desorden, a los "Te quiero", a los besos y a los regalos inesperados, fuera de un calendario marcado y tan solo guiados por el corazón aleatoriamente.
La ventana, siempre abierta, para que cada segundo se renueve el aire, para que me despierte con una sonrisa cada nuevo sol, para abrazar las estrellas cada noche, para que acunen cada uno de nuestros sueños, porque nunca, nunca es demasiado tarde.

Javier Estival, aprendiendo cada día...