A Miguel Hernández

 

De palabras la vida llenaste,

de amores y sueños,

de utopías nobles y justas,

de los más puros anhelos.

 

Diste impulso a corazones desgarrados,

por la sinrazón y la locura de sus hermanos.

Les alimentaste de fuerza, de aire fresco,

de olor a lavanda y a azahar en mayo.

 

Vestiste la muerte de desgarradora elegía,

de canto a la amistad, más sincera y clara.

Ni un millón de lágrimas y llantos,

pudieron expresar tanto.

Nunca pudo ser más bello,

tan fúnebre regalo.

 

Desde el rincón más oscuro,

lleno de dolor, hastío y desencanto,

convertiste cebollas amargas,

en lunas y risas para tu más dulce vástago.

 

Labraste con tu lucha,

el surco en la tierra más profundo,

el de la libertad,

para ti y tu pueblo ,

el más limpio deseo de los frutos cosechados.

 

Verdugos de águilas disfrazados,

creyeron haberte humillado y matado.

Ilusos seres, que de odio y sangre manchados,

no pudieron nunca enterrar tu legado ,

áquel que nos dejaste y que el tiempo no ha borrado,

tus palabras… como compañeras de viaje a lo soñado.

 

Nunca te fuiste Miguel,

sin quererlo te hiciste eterno,

como la naturaleza que siempre amaste,

como tus poemas, como tu recuerdo.

Compañero del alma, tan temprano.

 

 

 

Javier Estival, aprendiendo cada día...