A tu Memoria

Hace ya algunas semanas que te abandonó,
y dejó huérfano a tu corazón,
compañero de viaje durante tanto tiempo.

Ya no sonríes como antes,
al rememorar las fotos de tu vida,
al traer todos aquellos mágicos recuerdos,
al disfrutar con la mejor compañía.
Ya no quedan sueños para iluminar tu cara.

Tampoco me reconoces, ni me gastas las bromas que siempre nos hacían reír.
Echo de menos tus abrazos,
sanadores de cualquier tristeza,
embajadores de cálida energía.

Ya no me hablas de todo lo que compartimos,
ni de aquellos momentos cuando era niño y mi memoria no alcanzaba.

Estás presente en cuerpo,
pero en el vacío, tu alma.


Maldita enfermedad que se lo ha llevado todo,
a algún lugar tan escondido que nadie puede llegar...
destierro de soledad y ausencia.

Te abrazo y te beso fuerte,
para devolverte todo lo que me diste.
Solo cuando agarro tu mano sentados mirando el mar,
atisbo una leve sonrisa en tu rostro,
y juego a imaginar que me la regalas;
mientras, tu mirada se pierde en el horizonte,
como los recuerdos entre las aguas.

En la orilla, queda nuestro castillo,
para sobrevivir al paso del tiempo y a olas canallas.
Un inexpugnable castillo... protegido por nuestros corazones y tu inolvidable memoria.

A todas aquellas personas que nos dieron tanto y la enfermedad les robó la memoria.

Javier Estival, aprendiendo cada día...